El equipo de Dios

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“El Real Madrid es el equipo de Dios, el equipo del mundo”.Sergio Ramos, jugador del Real Madrid

En esta frase de Sergio Ramos hay parte cierta y parte falsa. El Real Madrid es el equipo de Dios, sí; pero no es el equipo del mundo. El Madrid nunca podrá ser el equipo del mundo, porque no pertenece a él. Los blancos son legión veterotestamentaria que se pasea altiva y severa por plazas de todas las latitudes, castigando a quien osa oponerse en el verde rectángulo.

Para ser el equipo del mundo se necesita beber de él: el ejemplo más perfecto fue aquel Barcelona de Guardiola que tornaba en sencillos los más complejos mecanismos, ¿qué es si no el juego de posición sino hacer frente a muy complicados problemas con soluciones simples y bellas? Aquel Barcelona de retórica amable era el pueblo hecho conjunto, el pueblo en proceso de autorrealización.

A Marrakech fue al Madrid a grabarse un distintivo en el pecho. Frente a ellos los Gauchos de Boedo, el club del Sumo Pontífice, un once que ambicionaba herejía contra el orden establecido. Quiso atrapar al Madrid en las simas con un aluvión de faltas e interrupciones como estratagema. Escogió Edgardo Bauzá un 4-1-4-1 de posicionamiento de bloque muy bajo, en el que las líneas se difuminaban para cubrir los máximos huecos posibles en zona central y ahogar las diagonales de extremo. En ataque todo se fiaba a Cauteruccio, quien exhibía una alta movilidad por la zona atacante en busca constante del lado de balón y de fajamiento con el central del mismo.

El nueve uruguayo consiguió bajar el cuero al piso en varias ocasiones, mas no le fue concedido desarrollo alguno. Mientras, en campo cuervo, el Madrid movía inocentemente el balón en continuas asociaciones de James, Isco y Kroos cerca de la medular imposibilitando la ganancia de alturas (que mejorasen la circulación y situación y tiempo del robo) y muy lejanas de un aislado e impreciso trío de ataque que intercambiaba constantemente roles sin efectividad alguna. El centro era una maraña y las salidas a banda quebraban ante el sistema de ayudas azulgrana (apoyos constantes y rápidos de extremos y mediocentros).

Asegurada la posesión y sin riesgo alguno atrás, se dio un paso adelante y se cargó el juego por banda diestra con un Isco que pareció acceder a la verdad revelada: Bauzá había pretendido anular las diagonales de extremo y él iba a dar vida a este movimiento (los roles de Carvajal extremo e Isco pegado a cal –conduciendo por dentro y doblando hacia fuera- rememoraban los del malagueño y Marcelo en Lisboa). Todo ello complementado con un Ramos capital en la superación de líneas de presión con cambios de orientación a Carvajal y desplazamientos verticales a Marcelo.

Así las cosas, los once de San Lorenzo hubieron de bascular y mostraron las primeras endebleces. Se perdió la bola por línea de fondo. Saque de esquina. Lo bota Kroos y Ramos, Deus ex machina, cabecea derecho con remate torcido. Había llegado el primero, se diluía la presión, la telaraña de Bauzá había cedido. De nuevo la tiene Isco que la lega a Bale, y el galés vuelve a anotar en final. Se echó el Ciclón hacia adelante con sustituciones ofensivas y presión en zonas altas. El Madrid sólo tuvo que sostener el minutero y aguardar la triple señal.

Por: Antonio Ruiz Capilla

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Un comentario sobre “El equipo de Dios

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